domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Qué es la ideología?



La ideología como cosmovisión
En primer lugar, la ideología es una forma de ver el mundo social. Es decir, no se trata de una forma de ver las cosas en general, sino solo lo que ocupa el ámbito social. No tenemos una forma concreta de ver las piedras, el papel o el agua, dado que no son cosas sociales per se. Otra cosa sería ya preguntarnos si está bien tirar piedras en una manifestación, talar bosques para conseguir papel o privatizar el agua potable. Siempre estamos ante un fenómeno subjetivo y social.

Nuestra cosmovisión es como unas gafas que todos llevamos y que actúan como pantalla modificadora de la realidad social. Si a dos personas les preguntan por el aborto (una realidad social), ambas tendrán distintas opiniones según las gafas que lleven. Es decir, la ideología nos impide analizar la realidad tal y como es, sin juicios valorativos ni subjetivos. No podemos dar una definición política de las cosas que estructuran la sociedad dado que jamás nos pondremos de acuerdo. ¿Qué significa la igualdad? ¿cuál es el rol de la mujer en la sociedad, si es que tiene uno?

La pregunta es: ¿podemos quitarnos las gafas? Yo creo que no. De hecho quizás no sean gafas lo que llevamos naturalmente, sino que precisamente para ver la realidad tal y como es habría que ponerse unas gafas especiales (que no existen). La ideología como cosmovisión es espontánea: todos tenemos una forma de ver las cosas, no podemos ver lo social como una simple realidad objetiva sino que siempre estaremos influenciados por nuestros prejuicios ideológicos.

Si la ideología es cosmovisión (visión del mundo) todo ser humano tiene una. No es posible no tener una opinión sobre cosas como los impuestos, los salarios, los homosexuales, el amor o el racismo. Todos, TODOS, tenemos una forma de ver las cosas que nos es propia. Por eso si alguien os dice que no tiene ideología jamás le creáis. Quizás simplemente percibe su propia ideología como algo tan natural que para él no es ideología sino "sentido común" o "la realidad".

Pero, ¿cómo se origina esta cosmovisión? ¿por qué unos tienen una forma de ver el mundo social y otros otra? La pregunta es sin duda muy compleja, tanto que no soy capaz de responder. Pero sí podemos trazar ciertas hipótesis e intuiciones. Parece en primer lugar evidente que nuestra cosmovisión depende básicamente de nuestras condiciones materiales.

En efecto, nuestra visión del mundo social tiene que ver con nuestro entorno, con todo lo que nos rodea. No viene de Dios ni nace de la nada. ¿Cómo explicamos las diferencias ideológicas entre distintas épocas? ¿por qué el marxismo o el liberalismo no surgen en la Antigua Egipto? Porque no existían condiciones materiales para que tales ideologías nacieran. Vale pero, ¿qué son nuestras condiciones materiales? Desde luego que no me refiero a nuestras condiciones económicas, sino a nuestras condiciones en general (dicho de otro modo: a 'nuestro' mundo exterior): nuestro entorno familiar, cultural, económico, social, laboral, educativo, climático...
Un ejemplo muy bueno para explicar la importancia de nuestras condiciones materiales es el del racismo. ¿Cómo explicar que una parte fundamental de los votos de partidos anti-inmigración como el Front National venga de la clase obrera? Es algo que en la clase media nos impacta mucho. Bueno, pues resulta que los inmigrantes son sobreexplotados por la patronal, y en ese sentido les "roban" el trabajo a los obreros nacionales (trabajos de mierda como reponedor, atención al cliente etc.). Por ello es lógico que los obreros perciban a los inmigrantes como enemigos y se vean atraídos por la ultraderecha. Y sin embargo, el estudiante de clase media que vive aislado de esos problemas, que no teme que venga un subsahariano o un latino a quitarle el trabajo, no tiene por qué ser racista. Sus condiciones materiales se lo impiden (aunque obviamente podrá ser racista si otros agentes de su entorno le encaminan a ello). Por ello es fácil no caer en el racismo cuando eres un acomodado universitario, pero sin embargo hay que comprender (lo cual no implica apoyar) que no es tan fácil cuando formas parte de la clase trabajadora.

Otro ejemplo: la distinción entre trabajadores estables y trabajadores precarios. Los primeros tienen el mismo trabajo toda la vida, o realizan pocos cambios. Los segundos un día sirven copas, otro se van al paro y al siguiente vete tú a saber dónde están. Sus vidas son inestables y no tienen perspectiva de futuro. El sociólogo Pierre Bourdieu explicó que los precarios tienden a distanciarse de los ideales revolucionarios, a diferencia de los estables. Es que es más fácil hacer una huelga o creer en una situación futura cuando puedes organizarte en un sindicato en tu trabajo y cuando tienes garantizado el sustento. En cambio un chaval que reparte pizzas no puede arriesgarse en actos subversivos ni puede gastar energía en cambios revolucionarios. Por eso los mineros asturianos se pueden permitir lanzar cohetes (causando erecciones entre la extrema izquierda), algo que un precario le saldría demasiado caro, tanto que ni se lo plantea. No es que los primeros sean más rebeldes y valientes, es que tenían las condiciones materiales necesarias para poder hacer algo así.

La familia también es un aparato ideológico que conforma nuestra visión del mundo, es decir, también entra en nuestras condiciones materiales de vida. Por ejemplo, G.Lakoff explica que básicamente existen dos tipos de familias: las del padre liberal y las del padre autoritario. En la primera se protege a los hijos y se es comprensivo y tolerante con ellos. En la segunda se considera que los hijos tienen que apañarselas por si mismos y que hay que reprimir los comportamientos "inadecuados". Ambos modelos de familia dan pie a dos pensamientos diferenciados: el pensamiento progresista (que cree en el Estado del bienestar, en la cooperación, la integración...) y el pensamiento conservador (que cree en el individuo, en el poder del más fuerte, en que cada ciudadano debe luchar por salir adelante sin ayudas de Papá Estado...). También W.Reich explica el ascenso del nazismo por el modelo familiar autoritario alemán de la época.

Pero como digo la cosmovisión no es solo una cosa de clase social (aunque la clase, en una sociedad de clases, sea imprescindible para entenderlo todo) o de pertenencia a un grupo, sino que va más allá. La psicología, por ejemplo, es fundamental para entender la ideología. No podemos quedarnos en lo social y superficial, hay que adentrarse en los mecanismos psicológicos del individuo, algo que se echa en falta en las reflexiones de la izquierda salvo honrosas excepciones.

La ideología como modelo de sociedad
En segundo lugar podemos entender la ideología como la imaginación de un mundo ideal. No hablo de que todos tengamos utopías pensadas en la cabeza, sino simplemente de que todos pensamos, para cada situación que afecta a la sociedad, en "cómo deberían ser las cosas". Frases como "los inmigrantes no deberían sufrir represión", "las mujeres deberían vestirse así", "deberíamos abandonar fuentes energéticas como el petróleo y centrarnos en las energías renovables" están a la orden del día.

Se trata no de una forma de ver el mundo, sino de una forma de imaginarlo. No se describe la realidad sino que se imaginan alternativas (factibles o no) al orden imperante.


¿Existe una conexión entre nuestra cosmovisión (nuestra forma de ver y entender la realidad social) y nuestro modelo ideal de sociedad? Es evidente que sí. Alguien que está contra el aborto deseará una sociedad en la que el aborto esté prohibido. Pero la cosa va más allá: existen conexiones entre aspectos aparentemente distanciados. Por ejemplo, es probable que alguien que antepone la igualdad a la libertad sea más tolerante. También es lógico que una persona autoritaria no le de demasiada importancia a la participación democrática, o que alguien que ve en la maternidad la plena realización de la mujer sea conservador en lo sexual.

La ideología como encubrimiento de intereses
Finalmente, podemos entender la ideología como una forma de imponer una serie de intereses, solo que ocultando estos intereses. Es decir, se trata de hacer que los demás se amolden a tus intereses pero sin que sean conscientes de ello, a veces incluso haciéndoles creer que luchan por sus propios intereses. Dicho de otro modo: la ideología es tener una cosmovisión que no se ajusta a tus intereses. Por ejemplo, ser machista no es necesariamente ideología como encubrimiento de intereses, solo lo será si la machista es una mujer. Si un hombre es machista tendrá una forma de ver el mundo acorde a sus privilegios e intereses.

¿De qué intereses hablo? Lo lógico sería limitarse a los intereses económicos, como hacen buena parte de los marxistas, pero yo creo que hay que ir mucho más allá. Entendemos aquí intereses en general: de raza, de género, de clase social, de posición social concreta etc. Veamos algunos ejemplos.

El primero que se me viene a la cabeza es una escena de la recientemente estrenada Serena (2014). Los protagonistas son un matrimonio de empresarios de la madera que se dedican a explotar los bosques y mantienen a sus trabajadores en condiciones infrahumanas. De hecho, se comenta que cada semana mueren unos cuantos por accidentes laborales. El caso es que el Gobierno del pueblo decide proteger una parte del bosque como parque natural y así impedir que sea talado por los empresarios madereros. Se celebra una suerte de debate al que acude nuestro protagonista, dispuesto a presentar sus intereses empresariales como los de todos. Para ello apela a la libertad (de trabajar, de explotar los recursos) y al espíritu emprendedor propio de los norteamericanos. También añade que él cumple una gran función social al dar empleo a muchos pueblerinos desesperados. Convence fácilmente a la mayoría de los trabajadores.

Eso es la ideología: defender una serie de valores y de cosas percibidas como positivas (en detrimento de otras cosas negativas) para que otros la acepten como propia y así proteger tus propios intereses.

Otro ejemplo sucede con los machistas de izquierdas. Efectivamente, tanto en los partidos como en los movimientos sociales que se sitúan a la izquierda en el espectro político existen machistas, tal y como denuncian las feministas constantemente. Aquí me centraré en el caso de los comunistas. Con muchos hombres feministas y comunistas ocurre algo curioso: aceptan un feminismo pero denostan otro. Concretamente, aceptan el feminismo limitado (las mujeres pueden alcanzar los mismos puestos que los hombres, hay igualdad de oportunidades, las mujeres pueden ser lideres, las mujeres no deben ser acosadas, violadas ni discriminadas etc.) pero rechazan frontalmente el feminismo más radical (las mujeres no tienen por qué depilarse, las mujeres no pueden sufrir ningún tipo de acoso, los tíos deben ocupar el espacio público en igualdad, en las asambleas hay que darle la misma importancia a ambos géneros a la hora de debatir etc.), aunque no necesariamente de forma consciente. ¿Por qué ocurre esto? Simplemente porque el primer feminismo no ataca sus privilegios de forma demasiado dura, mientras que el segundo feminismo (el radical) sí lo hace. Tenemos por tanto una situación de intereses masculinos, ¿cómo los defienden? De una forma muy inteligente: dicen que el primer feminismo es de izquierdas y es aceptable pero que el segundo es "pequeño-burgués", "anti-marxista" etc. y por tanto sintiéndolo mucho hay que dejarlo de lado. Ideología pura. (Sobra decir que no es el caso de todos los hombres comunistas).

Sin embargo, pese a que toda ideología intenta acumular apoyos hacia intereses propios del dominador, en realidad muchas veces atiende a los intereses de los dominados. Es decir, las ideologías a menudo no solo encubrimiento de intereses en detrimento de los de los demás, sino que también se ven obligadas a soltar migajas.

Por ejemplo, es cierto que un empresario explotador que dice que hay que apoyar a su empresa "porque crea empleo" está engañándonos para protegerse, pero también es verdad que efectivamente crea empleo. Empleo precario, pero empleo al fin y al cabo. Y si la gente no percibe una alternativa mejor es posible que se adhiera a la ideología del empresario, no solo porque se ven engañados, sino porque sienten que tal ideología en parte les beneficia.

La idea se entiende muy bien con el nazismo. Desde la izquierda solemos pensar que el nazismo fue un engañabobos: Hitler y otros maestros de la propaganda sedujeron al pueblo alemán con mentiras y llevaron el país al desastre. Simplemente fueron engañados. La cosa es más compleja. La ideología nazi no era simple encubrimiento de intereses de la clase industrial y financiera (que se lucró con el nazismo), sino que también cumplía los deseos del resto de los alemanes. Por ejemplo, la clase media vio la oportunidad de salir de la proletarización mediante la explotación de esclavos eslavos y judíos y mediante el reparto de la renta de estos últimos. La clase obrera salió del paro gracias a las inversiones públicas nazis. Al campesinado y a los soldados nazis les prometieron tierras en toda Europa del este y Rusia. A los excombatientes les dieron la oportunidad de vengarse de las potencias aliadas etc.

Ocurre que un grupo (clase. género, raza etc.) muchas veces no puede dominar a los otros mediante ideas que protejan únicamente sus propios intereses, sino que tiene que contentar al menos en parte a sus seguidores. La ideología no es simplemente que gente ignorante y alienada se deje engañar, también debe incorporar incentivos para los "engañados".
Tenemos pues que la ideología, además de cosmovisión (visión del mundo social) e imaginación del Estado de cosas optimo (utopía) es una forma de encubrir los intereses de ciertos grupos sociales (no necesariamente clases, también raza, género, posiciones de poder en pequeños grupos...). Vale pero, ¿cómo se transmite esa ideología? Es decir, ¿cómo puede ser que una mujer sea machista? ¿cómo un obrero puede ver las cosas igual que el dueño de su empresa o que su jefe? Si las condiciones materiales determinan nuestra visión del mundo, lo probable es que tengamos una cosmovisión acorde a nuestros intereses y necesidades (o al menos que se acerque).

Aquí entran los llamados aparatos ideológicos de dominación. Podemos definirlos brevemente como instituciones (no necesariamente estatales) que propagan una ideología dirigida a encubrir intereses. Entendemos aquí por instituciones cosas institucionalizadas en el sentido de que se han hecho tan habituales en el sistema social que permanecen en él de forma estable. Una institución de dominación puede ser la Iglesia, el periódico El Mundo o una persona como Paco Marhuenda o Barack Obama. Son instituciones con autoridad que crean un imaginario y una ideología, esto es, deben gozar de reputación (tu amigo Paco el del bar, que defiende los privilegios de los hombres no es una institución, al no ser que en su entorno social sea visto como referencia y por tanto su mensaje pueda calar en los demás).

Los aparatos ideológicos de dominación se encargan de que los grupos oprimidos (en el sentido de que no se benefician del sistema social) acepten la dominación e incluso la refuercen. Por ejemplo, Aristóteles actúa como aparato ideológico cuando justifica la desigualdad social, tanto entre esclavos y ciudadanos como entre mujeres y hombres. Sin duda sus ideas le hacen un enorme favor a los esclavistas, a los terratenientes, a los hombres y a las personas que se aprovechaban de la esclavitud de una forma u otra. Paco Marhuenda también es, por supuesto, un aparato ideológico. En cada debate defiende de forma descarada los intereses del poder (sea del poder político o del económico), atacando a quienes protestan contra él (feministas, estudiantes, huelguistas...).

Frente a estos aparatos ideológicos de dominación se encuentran lo que podríamos denominar aparatos ideológicos de contra-dominación. Estos últimos (periódicos como La Marea, políticos como Tania Sánchez, Pablo Iglesias, David Fernández...) utilizan la ideología únicamente como cosmovisión y como imaginación de un mundo ideal, no como encubrimiento de intereses. Esto es así porque no pretenden imponer los intereses de determinado grupo para oprimir a los demás, sino que quieren acabar con la propia opresión. Por tanto no engañan a nadie, simplemente denuncian la opresión y defienden un mundo en el que esta no tenga cabida.

La batalla ideológica entre aparatos de dominación y aparatos de contra-dominación no se da únicamente en grandes espacios públicos (como los debates televisivos), sino que atraviesa todo aquel espacio en el que se defienden intereses. Es decir, cualquier medio en el que haya comunicación humana. La barra del bar, el centro de trabajo o el patio del colegio (y por supuesto el aula universitaria) son lugares de confrontación, aunque no tengan la trascendencia de una tertulia televisiva o de un debate parlamentario. Y esta batalla ideológica no solo se da para los grandes ámbitos de la vida social (la lucha de clases, la opresión racial...) sino también para los que son percibidos como pequeños. Así, también hay batalla ideológica cuando, en una cena navideña, la abuela defiende que las mujeres se ocupen de lavar los platos y su nieta (que se ha criado en condiciones materiales muy distintas) le replica y le dice que las cosas ya no son así.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. mmm mediocre para ser un trotsko de primera

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Qué pasa, ha usado demasiados pocos tecnicismos marxistas para tu gusto?

      Eliminar