domingo, 2 de noviembre de 2014

Tres posibles causas del independentismo catalán



1- La globalización y la destrucción de identidades
En principio la globalización es un proceso económico, no ideológico ni de cambio de valores. Si le preguntan a un marxista ortodoxo, les dirá que la globalización es la inevitable consecuencia de la necesidad del capital de extenderse en busca de nuevos mercados y mayores tasas de beneficios.

Pero este proceso, que hace que el iPhone se diseñe en California, se produzca en Japón y se monte en China para a continuación volver a EEUU, también tiene consecuencias ideológicas. La consecuencia espiritual directa de esta homogeneización del mercado mundial es la mezcla cultural, y especialmente la imposición de la cultura mundialmente dominante (la estadounidense).

Esta expansión de las culturas, esta migración constante de personas y capitales, hace que las identidades se desdibujen. Uno ya no es chino, español o marroquí. Uno es "un ciudadano de este lugar llamado mundo". Esto les gusta mucho a los modernos hiperindividualistas, que rechazan lazos comunitarios como podrían ser los derivados de la nacionalidad y afirman que su patria es el planeta tierra. Algunos no han salido de Malasaña, pero bueno.

El caso, y ya sin salirme del tema, es que este destrozo de identidades locales provoca precisamente una reacción contraria: el auge de las identidades regionales. La gente se agarra a lo cercano en un mundo que borra fronteras y elimina lazos locales en nombre de la globalización. Y de ahí puede surgir, ya no el independentismo, pero sí el auge de la identidad catalana

2- Un recurso de la oligarquía catalana
No quiero decir que el nacionalismo sea un invento de los poderes económicos. Las ideologías no surgen así, no las inventa un malvado señor para satisfacer sus propios intereses. Pero sí que históricamente los que mandan en Cataluña, los que tienen la pasta, han sentido que desde Madrid no recibían el apoyo que merecen y por ello han agitado la bandera nacionalista. Se trata de un modo de protesta que ha contagiado a muchos ciudadanos, ya desde que en 1898 vieron cómo España se hundía y no quisieron hundirse con ella. 

En este nacionalismo burgués han existido y existen contradicciones. Por ejemplo cuando Cambó (un supuesto gran enemigo de España y nacionalista acérrimo), de la Lliga Regionalista, se asustó al ver la agitación social de los trabajadores catalanes en 1917 y llamó al Ejército español. Más tarde aceptó un Gobierno de concentración nacional con los "españolistas" para salvar el orden establecido.
La oligarquía catalana también tiene su cara política, que podría identificarse con CiU. Una formación comandada por gente con cuentas millonarias en Suiza y en cuyas filas encontramos a no pocos corruptos. Pues bien, esta gente (gentuza) ha utilizado el tema soberanista para tapar sus recortes en educación y sanidad. Tal y cómo indica el analista político Lluís Orriols:

Durante la pasada legislatura, el gobierno de CiU estaba sufriendo un enorme desgaste tanto por el vertiginoso aumento del paro como por una política de recortes sociales hasta entonces sin precedentes. Ante ese clima tan adverso, la intención de abanderar la causa soberanista podría salvaguardar al president Mas de un previsible desgaste electoral. En efecto, la decisión de poner la cuestión independentista en primer plano podía ofrecerle la oportunidad de plantear un relato nacionalista de la crisis, en el cual CiU quedaba libre de toda responsabilidad. Tal relato intentaba establecer una relación de causa-efecto entre la dependencia de Madrid y la pésima situación de las cuentas públicas catalanas. En este sentido, los recortes sociales eran inevitables y totalmente ajenos al control del gobierno convergente.
Sin embargo quizás estemos viviendo una disociación entre la casta política catalana y los intereses de los grandes magnates catalanes. Por ejemplo, José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, afirmó que si Cataluña se independendiza se llevará la editorial a Sevilla. Las élites económicas catalanas son conscientes de que sus empresas tienen un importante volumen de negocio en el resto de España (La Caixa es la primera entidad en todo el Estado) y de que la independencia no es rentable. Menos rentable es aún, según la consultora PwC, la salida de la UE y del euro. Mientras, el president Mas insiste en que sus intereses no peligran y que la transición hacia el Estado Catalán se hará teniendo en cuenta los intereses de los poderes económicos.

Del otro lado, las pequeñas y medianas empresas sí defienden la independencia. En un documental producido por las propias PYMES catalanas se comparan con la mediana empresa del norte de Europa (Noruega, Dinamarca...) dado su potencial para exportar al resto del mundo. Calculan que el eventual boicot español no duraría más de dos años, y que la marca Cataluña sería capaz de generar importantes beneficios a las empresas, más aún que si estas se envolviesen en la marca España, "más deteriorada".

3- ¿Quién querría ser español?
No se ofendan, a mí tampoco me gusta ese rollito anti-español que se cree que todo en España es una mierda pero, ¿quién querría ser español en estos momentos? Es decir, planteémonos seriamente qué es España. Veamos. En lo cultural, los españoles tienen una visión negativa (y desacertada) de su propio cine, y en otras materias como la música tampoco es que seamos envidiables. Eso sí, destacamos En lo político, tenemos a un presidente que no da la cara, que no sabe expresarse, que parece que no hace nada, que es ridículo en política internacional y al que no defienden ya ni en su partido (si no pregunten a los militantes peperos), y a un rey que no ha elegido nadie y que es heredero de un dictador amiguete de Hitler. En lo social, tenemos millones de parados, jóvenes que emigran a miles, protestas estudiantiles, privatizaciones, aumento de la pobreza y mucha crispación.
De hecho, tal y como denuncié en su momento, lo único bueno que tiene España son cosas malas. Esto se ve muy bien en los patéticos anuncios de Campofrío que presumían de que en España, pese a la situación socioeconómica podíamos sentirnos orgullosos de estas cosas (me auto-cito):

Según el anuncio deberíamos sentirnos orgullosos de nuestro país por los siguientes motivos: porque somos cariñosos y "nos tocamos todo el rato" (¡¿?!), porque hablamos a gritos, por nuestro sentido del humor, porque "cocinamos pa tres y comen cinco", y porque los bares cierran tarde en España. No, no es ninguna broma. No solo nos explican que tenemos que conformarnos con un país de mierda por nuestro carácter, sino que encima los atributos de ese carácter también son una mierda. Y lo preocupante es que a la mayoría de los españoles esto les parece bien, les resulta entrañable, les emociona.
En estas condiciones, ¿cómo van a querer ser españoles los catalanes? Yo tampoco quiero formar parte de esta España, no por anti-españolismo, sino al contrario porque me considero un patriota español. Pero no podemos sorprendernos cuando un catalán rechaza formar parte de un país así. ¡Es que es de sentido común estar en contra de esta España!

2 comentarios:

  1. Como dice el viejo chiste alemán: "Si una persona habla bien de Inglaterra es inglés, si habla mal de Alemania es francés y si habla mal de España es español".

    En cuanto al movimiento catalán, sí que ha surgido con mucha más fuerza que el andalucismo, por ejemplo (el cual es más de base obrera y agrícola) o el castellanismo. Muchos factores se juntan para acabar creándose: la decadencia de España, comenzada en el siglo XIX, el haber salido de una dictadura represiva que veía la unidad nacional como una homogeneidad fascista sin respetar las identidades, el rechazo por parte de los herederos ideológicos de dicha dictadura a un diálogo consensuado que busque solucionar el problema y una burguesía que cambia de bandera igual que cambia de levita con tal de garantizar sus intereses.

    La solución que más puede satisfacer es la que proponen los promotores de la URSI: una federación formada por los distintos pueblos y nacionalidades de Iberia (España + Portugal) cimentada sobre el consenso y la solidaridad, y no sobre la opresión y el desconocimiento mutuo.

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  2. Muy interesante el artículo. El chiste es genial... me temo.

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