lunes, 4 de agosto de 2014

Menganito y la democracia

Aunque cueste creerlo, la palabra democracia sólo ha tenido connotaciones positivas en los últimos 200 años. Antes era vista como el poder de los pobres, la elección de las masas ignorantes que obviamente optarían por un Gobierno populista y también ignorante. Ya Aristóteles, miembro de esa supuesta democrática e idealizada Atenas, decía que
en la democracia, los pobres son soberanos, con exclusión de los ricos, porque son los más, y el dictamen de la mayoría es ley.
Pero lo decía como una crítica, para después especificar cómo debería funcionar la sociedad según sus criterios
El Estado se compone de dos partes, los ricos y los pobres; pues que la decisión de unos y de otros, es decir, de las dos mayorías sea ley. Si hay disentimiento, que prevalezca el dictamen de los que sean más numerosos o de aquellos que tengan más renta. Supongamos que son diez los ricos y veinte los pobres; que seis ricos piensan de una manera y quince pobres de otra, y que se unen los cuatro ricos, que disienten, a los quince pobres, y los cinco pobres que quedan a los seis ricos. Pues bien, digo yo, que debe prevalecer el dictamen de aquellos cuya renta acumulada, la de los pobres y la de los ricos, sea mayor.


La dictadura de las rentas más elevadas, de los ricos, ha sido siempre la norma. Y es un tipo de sociedad que fue defendido por todos los medios por las clases altas y no tan altas hasta hace poco. Todavía hoy los liberales recelan del poder de la mayoría, prefieren tecnócratas, no quieren que el pueblo ignorante se meta en los asuntos que deberían administrar las élites bien formadas. Por eso cada vez que alguien habla de darle el poder a la mayoría comienzan a rabiar y a gritar "¡populismo, demagogia!". Son los herederos ideológicos de toda esa casta de ricos y elitistas que lleva existiendo desde que los productores y los poseedores de la producción se separaron.

Pero ahora las cosas son distintas. ¿No? Votamos y eso. Elegimos a nuestros representantes, y si lo hacen mal podemos echarles y poner a otros mejores en su lugar. Y podemos votar a quien queramos. Si no ganan los comunistas es porque no les vota ni Dios. Si no gana una opción que represente al pueblo es porque el pueblo mismo no quiere.

¿Esto es realmente así? A mí en la escuela me han explicado esto. Pero, ¿y si hacemos un ejercicio de reflexión? ¿Y si ganase una opción popular? Una opción que en lugar de defender a las rentas más altas defendiese a las más bajas. Una opción loca, populista, demagoga, castrochavista y absurda.

Si vivimos en una democracia, damos por hecho que el pueblo puede escoger a cualquier opción política, y que esta opción política puede gobernar a gusto para realizar el programa que ha sido elegido por la mayoría social. Es decir, la democracia es un Estado de derecho. Un sistema en el que la mayoría escoge a los legisladores y en el cual el Estado se somete a la ley sin rechistar.

Vale, ahora imaginemos que gana las elecciones Menganito, un tío que propone expropiar bancos y grandes empresas, eliminar el fraude fiscal, promover la democracia participativa, bajar los salarios de los políticos, tener una política exterior soberana, darle la tierra a quien la trabaja y un sinfín más de locuras populistas. Menganito es presidente. Hasta tiene la mayoría absoluta y todo.

Al día siguiente los grandes empresarios, terratenientes y banqueros se reúnen. "El pueblo ha elegido mal", comentan. El pueblo se ha vuelto loco. Ha votado al que no tenía que votar. "Este señor va a hundir la economía", afirman. Pero para asegurarse de que hunda la economía, ellos mismos comienzan el boicot. Promueven huelgas patronales, lanzan injurias en los periódicos que financian, hacen huelga de inversiones, evaden capitales, se reúnen con sus políticos más fieles. Comienza el caos. La prensa de los banqueros expresa que no hay libertad de expresión, los partidos del antiguo régimen se autoproclaman disidentes.

Menganito está tranquilo. Menganito sabe que vive en una democracia, en un sistema en el que quien gobierne puede cambiar las leyes de la forma en que indicó la ciudadanía. 

Pero es que el pueblo se ha equivocado, le han engañado con promesas populistas. ¿Y qué pasa si el pueblo se equivoca? Que hay que enseñarle. Así que las élites, muy descontentas con el loco de Menganito, se reúnen con la cúpula militar. Y unos meses después, la cúpula militar al servicio de los ricos dice que para resolver el caos promovido por los propios ricos hay que dar un golpe de Estado para devolverle el poder a los ricos. Mucha gente está harta del caos, del desabastecimiento y la subida de precios, así que se muestra indiferente ante el golpe. Otros se resisten, así que los asesinan.

Menganito el loco populista, que quería una democracia real, se pregunta entre los barrotes de su celda en qué ha fallado. A él le habían dicho que vivía en una democracia, que si llegaba a presidente podría llevar a cabo su programa popular. Se lo dijeron de niño en la escuela, y de mayor en la prensa. 

A Menganito se lo cargaron. Y cuando subió al cielo se encontró con un montón de gente que le miraba con empatía. Eran millones. De entre ellos destacaba un tal Chávez, el único que había sobrevivido a la equivocación del pueblo. También estaba un tipo de apariencia árabe llamado Mosaddeq. Y se veían banderas republicanas españolas, porque los españoles también se equivocaron en su momento y hubo que darles una buena lección. Más atrás paseaba Salvador Allende, que un mes antes de su asesinato había dicho que confiaba en que el ejército chileno estaría con la democracia. Menganito se encontró además con unos cuantos jóvenes franceses que, en 1968, estuvieron a punto de ser exterminados por el ejército (pero De Gaulle rectificó). Un negro llamado Thomas Shankara, que no dejaba de hablar de deudas, también lo miraba con un aire paternalista. Mientras caminaba se iba topando con mujeres afganas que quisieron ser libres, pero cometieron el error de desearlo votando a un tal Abdul Qadir.

Entonces Menganito comprendió que eso no era democracia. Que en una democracia se hace lo que elija el pueblo, no lo que ordenen cuatro señores a quienes no ha elegido nadie.

7 comentarios:

  1. Pues aquí de momento lo que ha elegido el pueblo, nos guste o no, es el PP.

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    1. Sí, y ahora se arrepiente de su decisión. Lo justo y democrático sería volver a convocar elecciones.

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  2. Que el pueblo ha elegido el PP? Al PP lo votó solo 3 de cada 10 personas con derecho a voto, y engañados. Además, las elecciones son una foto de un momento concreto, pero la opinión pública es dinámica. No puedes afirmar lo que "quiere el pueblo" basándote solo en una votación cada 4 años en la que solo eliges quién hará lo que le de la gana sin garantías de que cumplirá su programa, y en la que si la abstención fuese un partido tendría mayoría absoluta.

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    1. Pues eso es lo que dice la entrada, que lo que vale es lo que elige el pueblo.

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    2. Es uno de los principios de la democracia. Y votaron al PP con un programa, que han incumplido (además de la legalidad vigente), con lo cual el actual gobierno es ilegítimo. Y si lo eligen 3 de cada 10 no es la voluntad del pueblo, sino la de unos pocos.

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  3. Felicidades, todas tus entradas me encantan, pero esta es una de las más sobresalientes. Sigue escribiendo así!

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